Eternidad
Como marioneta en el aire
me siento en este mundo
como un suspiro del viento
color ambar.
En una juventud que a pasos
agigantados y adormecidos
se encuentra en un presente
de vejez donde el pasado es nostalgia
y el futuro suspiros.
En busca de reaccionar
en el momento justo
donde el infinito sea nuestro
y en mis manos sostenga la eternidad.
Esa eternidad que como agua de mar
se me escapò de las manos
cada vez que creo que por fin la he atrapado.
Màs la felicidad no radica en ello
sino en que cada instante
se perpetùe como el màs eterno de los momentos.
La Plata - Buenos Aires - Argentina
Contacto: rossivaleria@yahoo.com
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martes, 1 de abril de 2008
Valeria Rossi
Como Rueda de un carro
Inmersa en la nada, buscando...
El viaje habìa emprendido, las calles de tierra me encontraban.
El pasado, el presente y el futuro en una misma lìnea del infinito
La rueda del carro giraba y no...no dejaba de girar.
Avanzaba por los caminos como queriendo apartarse y dejar atràs tanta basofia, valmont se cruzaba entre
mi garganta y esos momentos irremediablemnte eternos.
La huella del carro iba quedando...atràs, pero luego reaparecìa, en raìces, en identidad,
en lucha.
Aquellos pueblos, aquellos caminos, tantos puntos de mi paìs, tanta tierra en los ojos, en algunos ojos, tanta sangre derramada, tantas làgrimas...
Y sì, nos topamos con viejos amigos, tambièn con nuevos, los mismos de siempre, aunque otros, y el reencuentro.
Màscaras de teatro, dolor que no nos deja a veces ni hablar, por sobre todo brazos, ideas.
La rueda del carro...aquella de madera y no primitiva, aquella que me demora pero no en vano,
aquella que me traslada al pasado, al presente y al futuro sin disoluciòn de continuidad,
aquella que me empuja a emprender el viaje, aquella que me inspira para seguir en la lucha.
Inmersa en la nada, buscando...
El viaje habìa emprendido, las calles de tierra me encontraban.
El pasado, el presente y el futuro en una misma lìnea del infinito
La rueda del carro giraba y no...no dejaba de girar.
Avanzaba por los caminos como queriendo apartarse y dejar atràs tanta basofia, valmont se cruzaba entre
mi garganta y esos momentos irremediablemnte eternos.
La huella del carro iba quedando...atràs, pero luego reaparecìa, en raìces, en identidad,
en lucha.
Aquellos pueblos, aquellos caminos, tantos puntos de mi paìs, tanta tierra en los ojos, en algunos ojos, tanta sangre derramada, tantas làgrimas...
Y sì, nos topamos con viejos amigos, tambièn con nuevos, los mismos de siempre, aunque otros, y el reencuentro.
Màscaras de teatro, dolor que no nos deja a veces ni hablar, por sobre todo brazos, ideas.
La rueda del carro...aquella de madera y no primitiva, aquella que me demora pero no en vano,
aquella que me traslada al pasado, al presente y al futuro sin disoluciòn de continuidad,
aquella que me empuja a emprender el viaje, aquella que me inspira para seguir en la lucha.
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